¡Van 10, y más!

Por Lisandra Puentes Valladares (Bisiesto)

 

“Lo que en un inicio surgió como ejercicio para poner en contacto a jóvenes realizadores y diseñadores, sirvió para favorecer consecuentemente un proyecto mayor: la revitalización de la gráfica del ICAIC”, escribió la asesora general de la Muestra Joven ICAIC, Sara Vega Miche en el catálogo de la exposición “¡Sí, van 10!”, que reunió el pasado año a los carteles premiados durante una década.

Nuevamente la Muestra, para nutrirse de ideas frescas, aprovechó el vínculo con el Instituto Superior de Diseño (ISDi) y expone en el lobby del cine 23 y 12 los trabajos gráficos que identifican a las obras en competencia.

El jurado del Concurso de Jóvenes Diseñadores seleccionó un premio y tres menciones entre los competidores.

La pieza de Alejandro Romero compuesta para el documental El receso, del realizador Damián Saínz, fue galardonada con el premio. Mientras, Rafael García, Greter Sánchez y Liset Hernandez, obtuvieron las menciones por Sufrimiento (Claudio Peláez Sordo), Utópica (David Moreno) y Diario de Yoandry (Juan Pablo Daranas), respectivamente.

Ni lo grandes formatos ni la abundancia de recursos miden el talento de un cartelista y, en general, las propuestas (unas mejor logradas que otras) trasmiten la heterogeneidad de perspectivas, estilos y reinterpretaciones del audiovisual (varios materiales cuentan con más de un cartel) de que se jacta la gráfica cubana.

A diferencia de otros certámenes similares, las bases de este concurso, el formato y la concepción para impresión serigráfica, crean un equilibrio en la competencia que le permite al jurado elegir entre obras que siguen una misma pauta, amén de subjetividades obvias en esta clase de selección.

Tal vez sobresalió negativamente en algunas piezas esa aparente búsqueda de la singularidad, cuyo resultado fueron propuestas inconclusas, apresuradas o demasiado enrevesadas. Sin embargo, no deja de ser un ejercicio válido para quienes se inician.

El cartel de El receso, seguramente a esta hora ya fue objeto de discusiones entre los conocedores que vieron el posible premio en otros trabajos;  pero la polémica y la Muestra van de la mano, moviendo ideas.

El presidente del jurado, Pablo Monterrey, declaró a Bisiesto que determinar el premio fue difícil por la calidad de las propuestas presentadas, y apuntó que para los jóvenes diseñadores el concurso es una oportunidad de expresarse y exponer sus trabajos.

Monterrey se refirió también a la exposición “¡Sí, van 10!”, inaugurada en la edición anterior, como un ejemplo de la trascendencia del evento que logró posicionar la exposición fuera del contexto de la Muestra y exhibirla en el extranjero.

“Al principio era como un juego”, confesó Sara Vega sobre los primeros concursos de carteles, en los que se realizaba el montaje con menos recursos y de una manera más alternativa. Recordó cómo en aquellos momentos los directores regresaban a sus casas con los posters en formato digital. La especialista relató cómo, en estos diez años, las propuestas gráficas han ganado fuerza y preferencia entre los realizadores.

Aunque el eje del evento es el audiovisual, la competencia de carteles es además un espacio de socialización y una puerta que se abre a nuevas tendencias y modos de ver la gráfica, tan asociada al trabajo del ICAIC desde sus años iniciales.

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