Espejuelos oscuros, para ver mejor

Por Rachel D. Rojas

Espejuelos oscuros es la nueva entrega de Jessica Rodríguez. La realizadora de 26 años ganó en 2008 el premio Cinergia (Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y el Caribe), lo que permitió iniciar las fases de preproducción y rodaje de su opera prima. En esa ocasión, la fundación apoyó 16 propuestas cinematográficas con 150 mil dólares. Luego, a través del proyecto “Lánzanos” ―una plataforma de crowdfunding―, la directora y su equipo lograron obtener el financiamiento necesario para concluir un largometraje de bajo presupuesto.

 

“Es la historia de cuatro mujeres cubanas a las cuales les ha tocado vivir en diferentes contextos históricos. Cada una de ellas tiene un conflicto en torno al papel que desempeñan socialmente, lo que se espera de ellas, y sus deseos más íntimos y profundos. Me interesa la Historia de Cuba y cómo en cada etapa política ha cambiado nuestra forma de entender el mundo. Pero más que la Historia como fenómeno, me interesa el individuo dentro de la situación social”, dice Jessica, también guionista.

 

Independiente, por su cuenta

 

Cada vez son más los directores y productores que optan por una forma de producción independiente, en medio de cambios tanto estructurales como discursivos para el cine cubano: “Ha sido todo un reto —afirma Jessica—. Tuvo sus pros y contras, claro. No hemos contado con muchos fondos, pero intentamos que esto no fuera un factor que calara estéticamente en la película”.

 

Entre los puntos negativos de la producción independiente, la graduada de dirección en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte (ISA), señala el hecho de no contar con algunas estructuras básicas que la industria ya tiene creadas y facilitan mucho el trabajo.

 

“Pero, por otra parte, ser independientes nos ha dado mucha libertad para hacer lo que queríamos. Hay mucha burocracia y limitantes que hemos podido saltarnos. He trabajado con el equipo que quería, que he elegido libremente, con una fotógrafa extremadamente talentosa. Creo que aunque me hubiese gustado tener más medios para hacer algunas cositas a lo grande, rodar Espejuelos oscuros de esta manera nos ha enseñado cómo apañarnos con lo que tenemos sin arriesgar en calidad. Y creo que hemos conseguido algo”, afirma quien durante aproximadamente un par de años ha trabajado en este sueño con la productora Ivonne Cotorruelo, un rol que también comienza a ganar fuerza en Cuba.

 

Muchas veces, al menos en el mundo de la autogestión cinematográfica, los premios y festivales funcionan como vía de financiamiento, especialmente para los noveles realizadores, que no cuentan con una reconocida trayectoria. En el caso de Jessica, el guion de esta opera prima, escrito en 2008, ha sido ganador ―además del Premio Cinergia― de la Mención Especial del Jurado en la categoría de Guion Inédito durante el VI Festival Internacional del Cine Pobre (Gibara, Cuba, 2008); del Premio al Mejor Guion Inédito en el X Festival de Cine y Video Imago (La Habana, Cuba), también en ese año; y del Premio Haciendo Cine al Mejor Proyecto de Largometraje de Ficción en la Muestra Joven ICAIC de 2009.

 

Hoy, cuando la película está terminada, al equipo le “gustaría primero hacer un recorrido por festivales internacionales y nacionales, para luego exhibir comercialmente en la Isla y fuera de ella”. Y entonces se completa el ciclo, a cuenta y riesgo, como hacen las personas con linaje de ganador, aunque puedan perderlo todo.

 

El making

 

Espejuelos oscuros no solo constituyó la primera experiencia de Jessica dirigiendo un largo de ficción, también lo fue para muchos de los que participaron en él. Según la directora, la media de edad del equipo no llegaba a los 32 años, incluyendo a Laura de la Uz y Luis Alberto García, “dos actores que fueron muy pacientes y nos ayudaron muchísimo a todos”.

“Los elegí porque desde siempre he creído que son dos actores espectaculares; ambos tienen grandes registros. Laura interpreta a Esperanza, Marlene, Adela y Dulce; y Luis Alberto, a Mario, Terencio, Acosta y Manuel: personajes bien diferenciados, con conflictos y en épocas diferentes. Esto suponía un gran reto. Mirándolo solo superficialmente, en el siglo XIX, en los 70, en los 50 y en la actualidad, se hablaba, se caminaba y se gesticulaba de formas distintas. Cada época tiene un modo de entender las relaciones personales y de mostrarnos ante los demás. Y luego, cada uno de estos personajes tiene un profundo universo personal, por lo tanto darles vida requería mucho trabajo. Pero siempre supe que Luis y Laura podían con ello… ¡Y vaya si pudieron! Enriquecieron los personajes muchísimo, en cuanto a matices y veracidad”, rememora Jessica.

 

El trabajo de mesa fue intenso; había que hablar mucho sobre los personajes: sugerir, delimitar, interiorizar, etc. “Creo que ese trabajo fue central ―cuenta ella―, porque en el rodaje las acotaciones fueron mínimas; ellos conocían los personajes casi más que yo. Me gustó mucho trabajar con dos actores no solo talentosos, sino inteligentes, tan enormemente listos. Eso fue fundamental. También trabajé con otros dos excelentes profesionales: Mario Guerra y Yadier Fernández, que nos regalaron interpretaciones impecables. En general, estoy muy feliz con el resultado e infinitamente agradecida con los actores, porque trabajar con ellos cuatro ha sido una lección profesional y de vida”.

 

Jessica, quien es además la directora de los cortos documentales Tacones cercanos (2008), El mundo de Raúl (2010) y ¡Crac! (2012), así como deAhlam ―filmado en Egipto junto a la directora Shaza Moharam, y actualmente en postproducción―, se ha estrenado también como novelista. El pasado año ganó la primera edición de los Premios Noveles de Literatura, auspiciados por la Fundación Orfeo con la colaboración de la Fundación Síndrome de West. La obra se titula La bestia y el pueblo, la cual se impuso en la modalidad joven entre más de 200 novelas concursantes.

 

En general, la joven realizadora cuenta en su trayectoria con una larga lista de premios y reconocimientos; lo cual, además de su talento, habla también de su capacidad de gestión, más allá del esquema que tradicionalmente ha primado en Cuba.

 

Ella no sabe si su estética rompe algún canon del cine cubano, o si su manera de contar implica alguna ruptura desde la teoría. “Eso ya se verá”, dice. Pero sí está segura de que Espejuelos oscuros es una película muy cubana: “Está contada desde recursos que pretenden ser ‘Universales’, evitando localismos ―explica―. Y desde el punto de vista formal busca la sencillez, para permitir una progresión lógica y narrativa. Mi pretensión es que se pueda comprender íntegramente tanto en Cuba como en el extranjero, que se pueda disfrutar sin grandes ambigüedades”.

 

Tomado de: Cubacine.cult.cu

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