Entre aguas: cine joven, diásporas, retornos

Por Zaira Zarza

El movimiento de personas, información y capital a través de fronteras geográficas y culturales es un fenómeno inherente a la globalización contemporánea. La diáspora —voluntaria o forzada, temporal o permanente— se incluye entre estos traslados como estructura que desestabiliza la hegemonía actual de los estados-nación sobre los ciudadanos de todo el mundo. El cine que realizan muchos jóvenes cubanos ha estado marcado por esos flujos, imponiendo retos, enriqueciendo miradas y aportando nuevas perspectivas sobre los múltiples modos en que es posible contar historias.

Explorar el trabajo de cineastas cubanos en la diáspora permite encontrar, al menos, dos narrativas que trazan caminos en apariencia opuestos. El primero incluye filmes que visiblemente aluden a elementos del pasado, y traducen la añoranza por el lugar de origen de los realizadores como a causa de su reposicionamiento migratorio. Esa nostalgia, sin embargo, no promueve una reflexión únicamente en tiempo pretérito. Su mirada no es solo reflejo de la ausencia, sino de un tipo de presencia diferente, marcado por la distancia, la condición insular y la concreta realidad de pertenecer a una minoría en el país de acogida. Por otra parte, tampoco ha evitado que los cineastas cuestionen estereotipos asociados con “lo cubano” tanto dentro como fuera del país.

El segundo grupo de narrativas fílmicas observa de manera más frontal al presente o, mejor aún, a un universo de futuros posibles, comprometidos con una inserción en la globalidad y distanciados del tema de la etnicidad. Las decisiones estéticas y temáticas de no representar a Cuba en estas películas, no convierte a sus autores en cineastas menos comprometidos que siguen las demandas del mercado audiovisual como encantados por el flautista de Hamelin. Ellos experimentan la autonomía de su práctica sin dar cuenta de una representación estrictamente nacionalista de la cultura.

En este sentido, el antropólogo Arjun Appadurai invita a replantearse conceptos como el de patriotismo más allá de fronteras físicas y dejar que asuntos como la crisis del medioambiente, la raza, las mujeres, las personas queer y con discapacidades, los desempleados y otras “naciones de la identidad”, se conviertan en “grupos sociales e ideas por las cuales estemos dispuestos a vivir —o morir. (…) Estas nuevas soberanías son inherentemente posnacionales (…) y representan motivos más humanos de afiliación que un estado o un partido.” (427). Bajo esta lupa, la noción de patriotismo en sí misma se vuelve mucho más plural, serial, dinámica y contextual.

El proyecto Raíces y Rutas: Cine Cubano de la Diáspora en el Siglo XXI apuesta por este tipo de heterogeneidad creativa, al tiempo que intenta desarrollar nuevas redes de comunicación e intercambio transnacional entre cineastas, instituciones y audiencias múltiples. Los realizadores que han participado en él en sus ya dos ediciones −Heidi Hassan, Tamara Segura, Yanay Penalba, Jorge de León, Aram Vidal, Ismael Gómez III, Yan Vega, entre otros− abordan en sus producciones temas vinculados a la fragmentación de la pertenencia, la figura de la familia y sus cambios tras la vivencia migratoria, intimidades, relaciones poscoloniales y políticas del espacio. Códigos visuales y narrativos también varían de un filme a otro y entre los propios autores: del cuidado esmerado de la forma a la estética de la inmediatez, del documental reflexivo al corto de horror, del video experimental a la animación en primera persona. El carácter procesual de sus obras las dinamiza y las convierte en un objeto de estudio híbrido y estimulante.

Muchas veces fue la dificultad del regreso lo que volvió a Cuba obsesión nostálgica en la memoria afectiva de quienes habían decidido vivir fuera de la isla. Sin embargo, la mayoría de los realizadores de la diáspora joven son parte de una generación de algún modo privilegiada en tanto, potencialmente, mucho más móvil. Es esta una época signada también por los retornos. En la última década, gran cantidad de músicos, artistas visuales, cineastas y demás productores culturales han regresado a vivir y trabajar en Cuba luego de años de ausencia. La Habana, en particular, se ha convertido en espacio de intenso cosmopolitismo, con una extraordinaria capacidad de transformación en términos de cultura visual, relaciones financieras y gestión cultural. Nuevos medios alternativos, que aún poseen un carácter informal, comienzan a visibilizar figuras, procesos y proyectos antes inexistentes o silenciados. La labor de curadores, programadores y archivistas promete volverse mucho más rica en esta etapa, porque maneja nuevas diversidades para establecer juicios de valor integradores. El cine joven independiente se suma también a esa plétora de voces y miradas.

Este momento de transición tecnológica y económica nos invita, sin dudas, a repensar la manera en que las instituciones culturales implementan sus políticas de financiación, programación, comunicación online y distribución audiovisual. Dichas transformaciones generan ya la necesidad de explorar asuntos como las economías de producción audiovisual, el patrimonio, la accesibilidad a los archivos fílmicos, el refinamiento de prácticas de programación más flexibles, así como modos de proteger, y a la vez compartir, la propiedad intelectual. De esta manera, producciones independientes, hasta ahora siempre en diálogo con instituciones estatales, lograrían una soberanía mucho mayor.

La Muestra Joven dedica su 15 aniversario al viaje, como tema y sujeto. El viaje interior del proceso creativo, el viaje de la imaginación, pero también el viaje móvil, productivo, transnacional, que conecta y construye referencias. Raíces y Rutas… propone su participación en este evento para, también por primera vez, dedicar un espacio al trabajo de realizadores que se mueven por el mundo y que están interesados en mostrar y discutir sus obras en Cuba. El hecho de vivir entre aguas logra promover un significado amplio del concepto de comunidad que trasciende fronteras. Por ello es imprescindible realzar el trabajo de productores culturales en la diáspora, que regresan de manera temporal o definitiva a exhibir sus películas en la isla e incluso a filmarlas junto a colegas cubanos o no. La apuesta de hoy día parece acercarse cada vez más a la idea de que el anclaje esencial del cine joven cubano sea el de la inclusión y la diversidad. Un camino eficaz y certero para seguir construyendo puentes y soltando amarras.

Appadurai, Arjun. 1993. “Patriotism and its Futures.” Public Culture 5 (3): 411-29. Zaira Zarza. 2015. “Una isla en el mundo móvil: Prólogo para una noción sobre el transnacionalismo diaspórico en el cine joven cubano.” En Anatomía de una Isla. Jóvenes ensayistas cubanos, 229-45. Holguín: Ediciones La Luz.

Tomado de: Bisiesto 3.

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