El límite del “yo”

Por Ana Laura Olivera González (Bisiesto)

Las esencias humanas y las del cine, así como la relación entre ambos, dan vida a la creación documental de Alejandro Alonso, un joven realizador pinareño que participa por tercer año consecutivo en la Muestra  Joven ICAIC. En esta 12ma. edición presenta los documentales Cierra los ojos y Crisálida.

¿Cómo surgieron las ideas originales de estas obras?

Lázaro Lemus, codirige conmigo Cierra los ojos; a él lo enviaron de prácticas a un taller por su trabajo en la Casa de la Cultura Pedro Junco y le sorprendió el universo de posibilidades que encontró allí. Entonces me llamó. Ya habíamos trabajado  juntos en Delirio y decidimos emprender toda la realización del documental.

Cierra los ojos se desarrolla en un taller de la Asociación Nacional de Ciegos (ANCI) donde un grupo de personas hacen sogas con cintas de casetes. Aprovechamos la experiencia de estas personas en relación con el cine para recrear un discurso genérico sobre la percepción de la realidad y sobre el destino del propio cine.

Crisálida narra la vida de una señora de 89 años. Fue un ejercicio realizado durante el taller impartido por Belkis Vega en agosto y septiembre de 2012. El equipo estuvo integrado por la brasileña Laura Cantal, la norteamericana Esther de Rothschild, la española Rossana Méndez, y yo.

En ambos casos interactuamos con personas discapacitadas, con una realidad resquebrajada por sus limitantes. Ellos no sabían de nuestro trabajo, violentamos su entorno, su vida, desde la postura del realizador en un documental reflexivo.

Aunque se les explique qué es una cámara y una película, ellos no lo comprenden cabalmente. Por tanto, te cuestionas cada momento a dónde vas a llegar, tus límites. Tomas consciencia de cuál es tu función y de la responsabilidad ética como documentalista.

¿En qué contexto te desarrollas como realizador?

En las provincias ser realizador es un reto. El único espacio donde puedes presentar tu trabajo es la Muestra, la única plataforma de exhibición, porque en tu provincia nunca vas a ser visto. Pinar del Río es una ciudad carente de registro audiovisual, con excepción de los reportajes informativos. La Concretera fue nuestra respuesta.

 ¿Cómo fue la primera “mezcla”?

Cuando comenzamos nos preguntamos el objetivo de ese trabajo, porque todo el mundo no puede venir para la Muestra o el Festival de Cine, ni ir a Camagüey. Ahí fue que nos dimos cuenta cuánto necesitábamos un espacio de validación y reconocimiento.

La primera “mezcla” impactó la vida cultural y cinematográfica de la ciudad. Transformó las noches de Pinar del Río en algo más, durante toda una semana. Realmente lo cuentas y nadie se lo cree.

Presentamos materiales de realizadores pinareños, una selección de la 11na. Muestra Joven y de la Muestra de Animación de Dresde, y una selección de los materiales realizados durante 25 años en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV). También el taller La Tambora inyectó cine: participaron jóvenes y personas que nunca habían realizado. Surgieron cinco obras de un mismo guion hecho por Jorge Molina y Arturo Infante. El mayor resultado fue su exhibición el último día.

¿Qué esperas este año de la Muestra?

Cuando Evocación entró en la Muestra comencé a pensar el cine en serio; intercambiar y llegar a un especio tangible me impulsó a seguir haciendo. Este año propongo Crisálida, que es un documental muy emotivo, de un alto valor humano y creo que a la gente le va a llegar mucho; y Cierra los ojos, que es más atrevido, aunque no experimenta tanto desde el punto de vista formal como Delirio.

Estar y que los pueda ver un público amplio es un logro.

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