El aletear de una idea puede provocar un mundo

Por Juan Carlos Calahorra

El sobre amarillo (que guarda un DVD) va en el panel de controles de una Yutong, rumbo a La Habana. En la estación una muchacha pregunta si ya entró Santiago. Terence paladea la sal de una playa canaria, mira al horizonte y estima que (no) es infinito, que allá detrás la Isla arde. Un joven cubano crítico de cine, varado desde hace un año en Nueva York, recibe una invitación a escribir (para el Bisiesto) sobre un documental donde siete hombres viajan en tren hacia ninguna parte. El crítico se encuentra mentalmente en 23. La chica se abre paso entre la multitud hasta llegar al chofer de la Yutong, y este le entrega un sobre donde dice: “Para la Muestra Joven”.

Todo comienza otra vez como hace 15 años, 96 películas (53 en concurso) y 14 proyectos de cine (por Hacer) que intentan atrapar y renovar el rostro de nuestra realidad. (Tache usted, si así lo desea, lo que acaba de decirse. Esto no es un comunicado, ni un triste matutino, ni el hablar fluido de un moderno teleprompter, ni la receta para salvar una cultura en crisis, ni la escaleta “valseada” de un fiestón adolescente, ni un razonado editorial siquiera. Esto no es más que un desvarío residual de la 14, que ahora ha decidido viajar por el puro placer de viajar y porque debe hacerlo).

En un trazo de Las (aún bocetadas) señoritas de Avignon, Picasso capta una tensión de fondo (el roce aromático de una mujer fang) que comunica a su mano el primer impulso cubista. Buscando el (otro) Oriente, Alina Rodríguez (23) ve deslizarse la infinita sabana del Camagüey como el ojazo de ese huracán hacia el que se dirige. Cuando le quiten la cámara y le borren los casetes, hallará La (verdadera) Habana de sus personajes. A unos gendarmes tristes dará el número de la Muestra. De regreso a la capital, acudirá a su mente una foto de la Caravana de la Libertad vista en un manual de historia.

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Juana de Arco deja atrás su poste hirviente y se encamina a la casa del Padre ante la mirada atónita de un simple proletario (tonsurado para la ocasión por un peluquero latino). Bresson, sin embargo, solo repara en esa palomita que tras su voz de ¡corten! ya va demasiado lejos… París existe porque se le mira (aquí un rumoreo). Y como los ojos de Yimit (29) no quieren apagarse, el Sena inunda la pirámide del Louvre, desborda los cálices de Notre Dame y fluye por la retina de estos muchachos venidos del quinto piso más alto de La Habana. Madame Curie despierta hoy (1910, tras largos años de pesquisa) con el flanco herido por un tubo de ensayos roto (suave puñal). Desayuna (sorbe) una chorreante magdalena con café, y entonces le viene una fuerte sensación de futuro: a punto está de aislar un elemento más en la pechblenda, piedra en verdad filosofal. (El radio ya la ha poseído, y está nadando por su sangre que de pronto se ilumina.)

Qué vienen siendo estas palabras (preguntamos). Los guionistas cubanos no sabemos escribir, o no queremos escribir, o ya parece todo escrito, o un tarugo (dice Tony González) nos clausura la garganta. Pero ese mal es remediable. Usted aprenderá a conjurarlo el sábado 9 en esta misma Muestra. Acredítese pues junto a toda su familia, sin que falten los hijos, por supuesto (pero aquí ha de tener mucho cuidado). O mejor, no salga de su casa hasta que tenga una buena película que contar en un pitch.

Riéndose de unas consignas que adornan la carretera (contra “el sencillo estilo de la revolución”), Samuel Feijóo va en una Girón rumbo a las fábulas, dicharachos, canturías, filosofías, parrandas y veras poesías del país. A 100 revolutiones x seg dos guaguas misteriosas llegan al elegante cine Chaplin (2008) que hoy parece más bien una aldea. Un antiguo distribuidor de cine abandona el país en un bote atestado de las que fueran sus películas. Al saberse perseguido por los guardacostas lanza su botín a las aguas turbias del Estrecho. Jean Vigo filma (en el cielo) la historia de un hombre que trabaja en un cuartico frente al que pasa el metro, y que dedica todos sus domingos a pasear en metro para ver(se) desde afuera. Julio (25) y Titón (23) suben la rampa del Centro Sperimentale di Cinematografia(1956), donde aprenderán “más de la vida que de la escuela”. Una lata devuelta por la corriente muchos años después besa las arenas de Guanabo infestadas de turistas sin fe. Todo el equipo de la Muestra (tras el cristal a punto de rajarse) invita al público ansioso a traspasar el umbral. Jean despierta junto a su amada Lidou pensando (por error) que todo ha sido un sueño. Impulsado por siete garzones, Lezama (inmovilizado) boga en el humo del tabaco hacia el pabellón del vacío. “Mi representación precisa objetos que la burlen”, chirría el sillón antes de evaporarse.

La 15ta. Muestra está por empezar (mas como puede ver, aquí nadie se detuvo nunca). Amárrese bien las botas. Cargue abundante agua y alimentos (forraje sobre todo), dulcísimas confituras (rompequijadas, raspadura, pastillitas varias). Avance muy atento a los signos que le saldrán por todas partes. Deberá leerlo todo (y entre líneas), verlo todo (en lo oscuro) y huir de toda silla que le invite a detenerse. Porque Yomil y El Dany atruenan en el almendrón (“lo de nosotro´ es pa´ largo”), pero siempre habrá un muchacho o muchacha casi común que no tararee. Abre su mochila a toda prisa, saca un libro gastado (puede que La divina comedia) y en el forro escribe unas palabras. El personaje dice así su frase primera, que será rescrita unas treinta veces más.

Consulta aquí la Programación de la Muestra.

 

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