Descubrimientos

Por Dean Luis Reyes (Bisiesto)

Se ha hecho habitual considerar al festival francés de Clermont-Ferrand como el Cannes del cortometraje. Desde que un grupo de estudiantes de las universidades de esa ciudad industrial francesa decidieran combatir su aburrimiento convocando a una modesta muestra de películas de corta duración hasta la fecha, el certamen no ha parado de crecer. Su curaduría es sabia y su selección final, un dechado de hallazgos.

Esta Muestra Joven ICAIC incluye una selección de cortos exhibidos en recientes ediciones de Clermont-Ferrand. Una de ellas reúne varias piezas latinoamericanas de color local e interés social: Cuando sea grande (Jayro Bustamante, Guatemala), Detrás del espejo (Julio O. Ramos, Perú), Gabi (Zoe Salicrup Junco, Puerto Rico), Los crímenes (Santiago Estéves, Argentina), así como Esperándola, de James Joint, y Salón Royale, de Sabrina Campos. Son en su mayoría obras de narrativa clásica.

Pero el apartado imperdible de esta selección provino de la sección denominada LABO. Aquí hay joyitas. Se trata de cortos que elaboran su narrativa a partir de regímenes expresivos cercanos al cine de vanguardia, y que aprovechan en su construcción elementos compositivos provenientes de la animación.

Big Bang Big Boom (BLU) se sirve de toda clase de soportes sólidos de una ciudad, para construir un relato a base de grafitis animados cuadro a cuadro que sugieren una especie de irónica historia natural de la vida terrestre. Mientras que The Centrifuge Brain project (Till Nowak) hace un falso documental en torno a un hipotético proyecto de ingenio mecánico, asociado a la tarea de promover un cambio de actitud humana ante la vida. En su caso, la animación 3D permite insertar maquinarias imposibles en paisajes documentales.

Acaso el uso de la animación más próximo a lo tradicional sea A morning stroll (Grant Orchard), un sarcástico comentario de la pérdida de contacto con la realidad del neoyorquino, reminiscente del estilo de David O´Reilly. The Eagleman Stag (Michael Please), por su parte, utiliza personajes modelados y miniaturas para contar la historia de un investigador obsesionado con el tiempo y su percepción.

The pub (Joseph Pierce) es una pieza de rotoscopía que refiere la historia de una muchacha solitaria que maneja una cantina; y Turning (Karni y Saul), una fábula hermosa donde imagen real y animación 3D tejen un comentario en torno a las mitologías de la infancia.

We’ll become oil (Mihai Grecu) es un capricho visual donde un puñado de helicópteros artillados ejecutan una danza sobre un paraje desértico, como pórtico de un bellísimo homenaje a la destrucción del mundo. Loom (Jan Bitzer, Ilija Brunck y Csaba Letay) usa procedimientos expresivos propios del documental sobre la naturaleza, para falsificar (vía 3D) el mortal encuentro entre una araña y una mariposa atrapada en su tela. Esta pieza es un prodigio de animación conceptual, de despliegue del arte de animar como procedimiento lingüístico metonímico y de uso complejo de la cámara virtual.

Finalmente, Night mayor, de uno de los más grandes poetas del cine actual: Guy Maddin. El canadiense construye un artefacto que es un homenaje a la voluntad creadora de ilusiones del cine, a través de la historia de un inventor que usa las auroras boreales para producir imágenes espectrales que comunica al país. El poder hipnótico del cine de Maddin aparece aquí en su máxima expresión, en su reelaboración del lenguaje del cine mudo, el expresionismo fílmico francés y el surrealismo, en su romanticismo amargo y su pasión por la nostalgia como enfermedad del cuerpo. Un ejemplo de cómo reinventar el cine desde sus cenizas.

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